Miro por la ventana, en una tarde lluviosa, esperando que los hados del ingenio vengan a apoderarse de mis manos y que me trasladen sus mejores efluvios, para que un relato corto y profundo se desarrolle dentro de mí, con la intención de ser sagaz y demostrar al mundo aquello que quiero trasmitir.
Mi hijo sentado a mi lado me relata sus vaivenes, su disgusto con su madre, ha ido al peluquero y le han cortado su flequillo, aquella parte de su anatomía más cuidada, que veía día a día frente al espejo y que de manera obsesiva estiraba y estiraba, hasta que aquellos rizos maliciosos en lugar de crecer conseguían enrollarse de tal manera que, aunque utilizase los métodos más primitivos para su estiramiento, acortaban su crecimiento y nunca llegarían a cubrir sus ojos.
Papá, ¿por qué aquello que tanto deseas, que nos ha costado tanto sacrificio, tanta dedicación, por decisiones que no te competen a ti rápidamente acaban sin más? Sí papá, simplemente con un corte de tijeras han llevado mis anhelos a algún paraje oscuro y sombrío y he dejado en el camino mis restos tirados en el suelo de un rincón desconocido que, con el vaivén de un instrumento dirigido por manos aleccionadas para este fin, han conseguido agrupar sin ningún orden aquello que con total minuciosidad antes estaba situado en el lugar más alto de mi autoestima.
¿Siempre sucederá así, o cuando empiece a tomar mis decisiones, por lo que seré responsable de mis actos, no me quedará en mi alma el más mínimo resquemor de hacer lo más conveniente y que mis decisiones sólo me afecten a mí?
Ha dejado de llover, en lo más recóndito de mi cabeza sólo queda que llame a la divinidad o a las fuerzas de la naturaleza para que emane una idea.
¡Bajad a cenar, que se enfría la cena, y no la quiero volver a calentar!
Bueno, otro día será.
¡Qué ingenuo tu hijo! Ya quisiéramos los adultos acertar en todas nuestras decisiones. Me encanta lo de la cena… y es que los pensamientos más profundos se ven siempre interrumpidos por la cotidianeidad y, a veces, bienvenida sea…
Comentario por martasalvadorvelez — 26 mayo 2009 @ 8:58 pm |